A ras del suelo
IGOR DEL BARRIO
Articulo aparecido en periódico Diagonal, nº 55 el Jueves 24 de mayo de 2007
Alberto García-Ortiz y Agatha Maciaszek, jóvenes cineastas de Lavapiés, recrean en “A ras del suelo” la lucha de los vecinos del barrio por ser tenidos en cuenta en el continuo proceso de transformación y rehabilitación de sus lugares comunes. Los directores se centraron originalmente en retratar el estado de abandono y surrealismo del Centro de Salud de la calle Tribulete, pero ante la negativa de las autoridades del centro a dejarles filmar dentro, decidieron salir a la calle y que los vecinos hablaran. A partir de ahí, distintos habitantes del inconfundible ecosistema urbano de Lavapiés (desde los obreros de la construcción que resisten bajo el sol día a día hasta los ancianos del barrio, pasando por los borrachos y “tiradillos” de su plaza, donde hasta los perros hablan) toman la palabra y el espacio y se convierten en protagonistas que se van encontrando e interactúan. Todos filmados a ras del suelo, en un proceso de rodaje que se prolonga a los tres años de duración. “Nuestra idea”, afirman los directores, “era partir de ese tema local para mostrar algo universal: la transformación de los espacios públicos, el eterno abismo entre los vecinos descontentos y los políticos”.
Brochazos de hormigón
Desde lo alto y acariciado por los reflejos de la luna o los rayos de sol, en el barrio de Lavapiés se configura un hermoso mosaico. Pero sus tejados coloridos y sus floridas terrazas sufren la invasión de monstruos de hormigón, sin alma y sin color, que irrumpen en el paisaje sin que nadie los haya pedido. El último y controvertido esperpento es el Teatro Valle- Inclán. El largometraje escenifica a la perfección cómo las autoridades políticas sólo se presentan en el barrio el día de una inauguración (aunque sea de la misma plaza en la que se reúnen diariamente los vecinos), cortan la cinta y se marchan. Y la vida en el barrio vuelve a su ritmo a la misma velocidad a la que escapan los Mercedes tintados de las caceroladas y las protestas vecinales. Y es que el film, nacido como testigo militante de la lucha vecinal, acaba convirtiendo la lucha en un pretexto para indagar en la vida cotidiana del barrio y sus gentes.
Autogestión y copyleft
El documental tiene una licencia copyleft, y se puede descargar desde la web arasdelsuelo.net. Además, Agatha nos comenta: “ahora vamos a sacar el DVD, porque la gente nos pregunta cómo conseguirlo y, aunque esté en internet, mucha gente lo quiere tener”. El largo rodaje de A ras del suelo fue muy enriquecedor: “Tras hacer un primer montaje, nos entraron más ganas de adentrarnos en el barrio. Hacer un vídeo muy militante se nos quedaba corto. Ya llevábamos mucho tiempo grabando manis, eventos detrás de colectivos… y estábamos cansados. Así que buscamos hacer política pero sin dar mensajes evidentes. Podemos grabar una conversación o una mirada hacia el barrio o hacia la gente que está hablando y eso es política igual. Se le cede todo el protagonismo a la gente. La elaboración fue también un proceso de aprendizaje para nosotros”. El proyecto contó con una “financiación cero”, ya que los mismos directores se organizaron solos. “Con apoyos hubiera sido de otra manera, pero nosotros no buscamos tampoco ningún tipo de apoyo; lo quisimos hacer a nuestra manera. Fue una apuesta por la libertad total. Si tienes una productora detrás, te va a meter mano de alguna forma”.
Filmar a ras del suelo
Enfrentarse a una cámara no es una situación cómoda, así que el método de rodaje (con largas sesiones de grabación y ninguna prisa) les permitió grabar a los vecinos de la forma más natural. “Por ejemplo, la cuadrilla de obreros (todos inmigrantes, salvo el encargado) estaba todo el día al sol. Fuimos acercándonos a hablar con ellos, les fuimos preguntando y al principio se sentían bastante incómodos, pero poco a poco fueron actuando sin preocuparse de la cámara. La gente coge confianza a los pocos días”. Agatha reconoce que “a mí el tipo de documental de acercarte a una persona y hacerle una entrevista rápida no me llama. Y en estas escenas asoma una sabiduría popular y un humor, cuando la gente se pone a hablar en su barrio, al salir de su casa… puede ser lo más cotidiano del mundo, pero es muy bonito captarlo. Y es que parece que para hacer un documental te tienes que ir a la selva amazónica, a lo exótico, y mira todo lo que esconden las historias más cercanas y cotidianas”.